miércoles, 30 de julio de 2008

GRAFFITI NINJA


Graffiti Ninja
Por Osvaldo Aguirre y Eduardo González
Siete vacas/166 páginas/$ 18

La literatura argentina tiene una rica tradición en el género policial, tanto en la clásica línea de Agatha Christie como en la más moderna, la de la novela "negra" a la norteamericana. Sin embargo, como en el rock, también en este tema los argentinos hemos sabido darle nuestro toque distintivo. En efecto, da la impresión de que hay siempre un espíritu zumbón por detrás de la trama más truculenta y el suspense más torturante, como si el autor nunca creyera del todo en lo que está contando y se lo hiciera comprender perversamente al lector. Y esto vale tanto para un cuento como "La muerte y la brújula", de Borges, como para aquel otro, también paradigmático, "La loca y el relato del crimen", de Ricardo Piglia.

Por eso no desentona en absoluto con la tradición vernácula Graffiti ninja , esta nouvelle juvenil sobre periodistas novatos y veteranos de mil batallas, fotógrafos que lo han fotografiado todo, vampiresas de nombre intrigante, detectives venales y muertos ubicuos, que Osvaldo Aguirre y Eduardo González han escrito a cuatro manos y, lo más probable, disfrutando enormemente al hacerlo.

Nada les ha sido negado a los fanáticos del buen policial: Luis, el protagonista y narrador, es joven, inexperto y quiere ser escritor, aunque sus penitas le cueste: "Sin lugar a dudas era un escritor frustrado que había elegido el periodismo por cobardía". Nada mejor, entonces, que, al tiempo que va escribiendo lo que será su primera novela, haga su rito de iniciación en la sección Policiales de un diario sensacionalista. Allí encontrará lo que buscaba: muertos, sangre y romance en partes casi iguales. Amén de una serie de personajes de los cuales, también como es tradición, nunca se sabe bien si están del lado de los "buenos" o definitivamente del lado de los "malos".

La lectura paródica y una estructura sincopada permiten que Graffiti ninja despliegue homenajes y guiños por doquier. Desde menciones literarias como "El escarabajo de oro" (Edgar Allan Poe) hasta musicales como "Ella entró por la ventana del baño" (The Beatles); desde una visita nocturna a Parque Chas, el laberíntico barrio porteño, hasta una desopilante estadía en el maravilloso circo de Bucarest. Todo el texto está sazonado, además, con el vocabulario del oficio periodístico, críptico si los hay.

El escritor y periodista Osvaldo Aguirre y el escritor, docente y psicólogo de niños y adolescentes Eduardo González han puesto toda su experiencia, creatividad y humor al servicio de un libro que legítimamente puede atraer a esa audiencia tan difícil de cautivar como son los lectores de 12 años en adelante, con muchas horas de televisión e Internet a las espaldas como para reconocer rápidamente un buen "producto", donde los ninjas, Pappo y la serie CSI se dan la mano.

Graciela Melgarejo

REPORTAJE A PABLO DE SANTIS


Por Eduardo González



En todos los grandes libros hay secretos, y enigmas; pero el género policial pone la develación de ese secreto en el centro de la trama y en el final de la historia.




¿Sigue existiendo para vos la novela policial?

La novela policial sigue existiendo y representa, dentro de la narrativa contemporánea, la nostalgia por la forma y la simetría. Creo que el género pone en primer plano algo que siempre tuvo la lectura: leemos para saber, leemos para descubrir un secreto. En todos los grandes libros hay secretos, y enigmas; pero el género policial pone la develación de ese secreto en el centro de la trama y en el final de la historia.

¿Podrías definir a La Traducción y Filosofía y Letras como novelas de enigma?

Son novelas estructuradas alrededor de un enigma. Lo que intento es que el enigma y su solución no sean circunstanciales, sino que representen el tema de la novela.

¿Qué opinión te merece la novela negra?

La novela negra ha dado algunos libros maravillosos y ha generado a partir de sus detectives una mitología irresistible. Además de Chandler, Hammet y otros nombres obvios, admiro especialmente los libros de Salvatore Lombino (Ed McBain). Pero no creo que el policial clásico y la novela negra sean las únicas corrientes del género. Hay una tercera corriente, más secreta: la novela policial como pesadilla. El realismo se desdibuja, las visiones nocturnas de la ciudad se vuelven casi oníricas, y el género se aferra a toda clase de obsesiones. Mis novelas favoritas son las que pertenecen a esta corriente, que es como un desvío de la novela negra. Pienso en los libros de más oscuros de David Goodis y Jim Thompson, y también en John F. Bardin y en Frederick Brown. Y en el presente, me gustan las obras de Thomas Harris, James Ellroy y Stephen Dobbyns. La novela policial como un gótico moderno.

¿Por qué elegís en general la primera persona para narrar?

Me parece más natural. Me obliga a manejar la información que sólo conoce ese personaje, lo cual es una limitación. Y todas las limitaciones son beneficiosas a la hora de escribir.

¿Qué lugar ocupa el humor?

El humor debe surgir casi involuntariamente; la voluntad de hacer chistes puede arruinar un libro. Es un material siempre peligroso, porque puede hacer que las pocas pierdan peso y realidad. Se puede usar el humor sólo cuando sirve para narrar, lo cual ocurre en pocas ocasiones. Inclusive en la vida real, los chistes me aburren. El humor es exactamente lo contrario de los chistes.

¿De qué manera influye sobre tu producción el haber sido guionista de historietas y director de Fierro?

Entré a Fierro como guionista cuando tenía 21 años, a partir de un concurso, y la revista me marcó profundamente, no tanto por la historieta como por todo el mundo cultural que circulaba alrededor. En Fierro se escribía sobre literatura policial, sobre cine, sobre ciencia ficción. Escribo a menudo crítica de libros, y mi modelo ideal de nota siguen siendo las que salían en las páginas de Fierro o de El péndulo. Hablo de las notas de Juan Sasturain, de Elvio Gandolfo, de Ricardo Piglia, de Angel Faretta, de Rodrigo Tarruella. Fierro me dio además grandes amigos como Marcelo Birmajer, Juan Sasturain, Juan Lima, Max Cachimba. En alguna reunión de los inicios de Fierro pude hablar por primera vez con Piglia, por ejemplo, cuyas ideas y novelas siempre me marcaron profundamente. Que hubiera un producto cultural, como Fierro, publicado por una gran editorial, y con ventas que en un principio fueron muy buenas, es hoy algo impensable.

¿Cuáles son las diferencias a tener en cuenta a la hora de escribir para jóvenes y chicos?

Cuando escribo para adolescentes, manejo otro tipo de narración, más concentrada, y con un imaginario más laxo, más alejado del realismo.

¿Por qué elegís objetos o lugares para contar tus historias?

Los objetos los elijo como disparadores de la historia; los lugares como intentos de "encerrar" la narración. Me parece que cuanto más encierro haya (encierro simbólico), las cosas funcionan mejor.

En “El calígrafo” corrés riesgos entrecruzando la historia, la literatura fantástica y el enigma y, en mi opinión lo lográs con maestría. ¿Cuáles son los riesgos de traición a un género tan encuadrado como es el policial?

Creo que el riesgo máximo es traicionar al lector. Si hay un enigma, este tiene que resolverse. Durante los sesenta se puso de moda la "superación" del policial, con novelas que eran a la vez libros "serios" y que si bien proponían un enigma no lo resolvían. Para ocultar la falta de imaginación sus autores utilizaban diversas excusas (como por ejemplo, que muchos crímenes no se resuelven en la realidad). Leonardo Sciascia es culpable de más de un pecado de ese tipo. El suizo Durrematt, en cambio, que utilizó el policial como crítica social, se ocupó de no traicionar las expectativas del género.

¿Por qué la pluma puede asesinar? ¿Cuáles son los riesgos de la escritura?

Quienes escribimos literatura ahora en la Argentina no corremos ningún riesgo, excepto aburrir, o aburrirnos. Desde luego, siempre existe la tentación para los escritores de salir a la calle, de participar de algún modo en la vida real, de correr riesgos. Este salto está magníficamente representado en las páginas iniciales de Operación masacre, cuando Walsh arma la escena en que abandona el ajedrez y las novelas policiales y entra en la historia. Pero de alguna manera la literatura también es la historia.

domingo, 29 de junio de 2008


" Odio la violencia y decidí que la violencia que saliera en mis libros no fuera amable, complaciente, épica y deseable, porque no la veo así, sino temible y repelente porque a mí la violencia me da miedo y me repele".


Tres son las veces en que Andréu Martín ganó el Premio Hammet (otorgado por la Asociación de Escritores Policíacos) Esta vez fue con Bellísimas personas. En este reportaje hablamos de las distintas etapas de su obra, de su odio a la violencia, del terrorismo, de su pasión por el cómic, de los géneros y la literatura juvenil.


¿Hay diferentes etapas en la producción de tu obra?

Seguro que hay diferentes etapas, aunque nunca me lo he planteado concretamente. Hay una primera etapa, de prueba y aprendizaje, que se inicia con "Aprende y calla" (la primera novela que saco a visitar editoriales), y con "El señor Capone no está en casa", con "A navajazos" (una novela fallida) y con "La Otra gota de agua" (novela que publicaré después de "Prótesis" pero que es anterior, muy anterior: en realidad es la primera novela que escribí en mi vida). La segunda etapa se iniciaría con "Prótesis", que es una novela prematura. Quiero decir que rompió, sin querer, la línea ascendente de las otras tres anteriores. De pronto, salió algo mucho más potente y sincero y ambicioso de lo que las tres anteriores podían hacer prever. "Prótesis" me pone el listón más alto de lo que yo esperaba y quería, la movida que hay en torno a esa obra me desconcierta y acoquina y, cuando me planteo escribir la siguiente, ya no soy el juguetón inocente del principio. Entonces, escribo "Por amor al Arte", que opone a la visceralidad de "Prótesis" una mayor premeditación y cautela que ya existirá en mis obras futuras. Con estas dos obras, me creo la fama de escritor sanguinario y sádico, que responde a una estrategia (casi militancia) perfectamente meditada... Ya te digo que no he analizado de cerca la cuestión, pero más tarde tendríamos que hablar de mi deriva hacia la novela juvenil, que me permite fugarme del género negro para probar otros, y... en fin, creo que "Bellísimas Personas" es prometedora de otra etapa en la que predomina la reflexión sobre la acción. Y, bueno, el disparate de "Espera, ponte así", que quizá signifique otra etapa distinta...



¿Cómo definirías a "Barcelona Connection"?

Es una novela fácil, quizá un poco simple, que sin embargo ha recibido el aplauso unánime de editores, público y crítica de todos los países que me han editado. Quizá porque, después de mi etapa sanguinolenta, era la novela más light. (Quizá podríamos decir que es iniciadora de una nueva etapa? No sé: queda claro que el autor no es el más
indicado para teorizar sobre su obra).

¿Y "Prótesis"?

En cierta medida ya la he definido antes. Una sorpresa en mi trayectoria, un desafío que me obligó al más difícil todavía cuando yo no estaba seguro de estar preparado para ello. En ella, la truculencia de las secuencias de acción es perfectamente buscada. Odio la violencia y decidí que la violencia que saliera en mis libros no fuera amable, complaciente, épica y deseable, porque no la veo así, sino temible y repelente porque a mí la violencia me da miedo y me repele. Y, además, descubrí que la descripción de tantas
atrocidades era una magnífica manera de descargar tensión.



¿"A martillazos"?

Al contrario que "Barcelona Connection", es una de mis novelas más atrevidas y una de las menos apreciadas y aplaudidas. A mí me gusta mucho. Y diría que fue la primera de mis novelas en que me planteé expresamente que, a pesar de todas las expectativas, acabara bien.

¿Cómo surge la colección Cosecha Roja de quien fuiste director ?
Fue una idea de Chimirri, un argentino que trabaja en Ediciones B. No sé mucho más.

¿Por qué elegiste segundo libro de esa colección a "Manual de perdedores" de Juan Sasturain?

No estoy seguro de haberlo elegido yo, pero en todo caso reunía dos condiciones esenciales: el libro me parece magnífico y Juan Sasturáin es mi amigo. En aquella época, él vivía en Barcelona y nos veíamos con mucha frecuencia.

¿Qué opinión te merece el policial argentino?

Me parecía excelente cuando nos llegaba aquí y lo leíamos. Piensa que yo tuve la oportunidad de leer los "Peces de colores" de Chandler, y a José Giovanni, en aquella excelente Serie Negra de Ricardo Piglia de la Editorial Tiempo Contemporáneo (aún conservo un ejemplar).. Me encantaban aquellas traducciones rellenas de lunfa, quizá porque tuve un tío bandoneonista y el tango fue música de mi infancia, aun en Barcelona. Luego, mi amistad con Sasturáin y con Saccomanno me abrió puertas y me permitió disfrutar de esa serie negra muy negra y muy dura que ha cristalizado finalmente en la maravillosa "Plata Quemada" de... ¡Mirá vos! Acabo de descubrir que se trata del mismo Piglia que dirigía aquella memorable colección... Porque se trata del mismo ¿nossierto? ¡Mirá vos! (Últimamente, he disfrutado de la serie negra argentina, con acento y lunfa incluídos, viendo NUEVE REINAS y, ayer, LA CIÉNAGA.)



¿Se puede seguir pensando en géneros literarios?

Se puede y se debe... ¡Uy, qué pregunta tan difícil! Los géneros literarios son una forma de literatura nacida de la necesidad cultural de un tipo determinado de lectores y, mientras aceptemos que existen muchos tipos distintos de lectores que deben ser satisfechos cada uno según sus necesidades, naturalmente que los géneros literarios tendrán sentido. La novela de género es un juego intelectual que exige (como todo juego) una complicidad entre las dos partes: el lector y el autor. El lector aficionado a la novela negra (o a la ciencia-ficción, o a la erótica, o a la histórica, etc.) acude a la lectura buscando unos elementos determinados y muy precisos. El autor de género se enfrenta entonces al desafío de ofrecer aquello que le pide el lector, lo de siempre, el tópico, pero sorprendiéndole y dando la sensación de que la suya es una nueva lectura innovadora de lo de siempre. El aficionado a este juego no puede prescindir de él y no se sentirá satisfecho con novelas que huyen de los elementos que para él son esenciales. Por tanto, mientras haya lectores de género, deberán existir las novelas de género.



Para vos, ¿la eficacia del género policial radica en la denuncia y el realismo social o en las demandas del mercado?

Aclaremos primero lo que entendemos por eficacia. ¿Te refieres al hecho de que guste ese policial, al elemento que le da calidad? O sea: ¿si la calidad de una novela negra radica en la denuncia...? Respondo: no sólo en ella. ¿Si la calidad radica en las exigencias del mercado? Esta parte no la entiendo. Si "demandas del mercado" significa la existencia de un público incondicional lector aficionado a novelas policiales, te diré que sí, claro, que es imprescindible que existe este público consumidor y exigente para que
haya novela policial de calidad. En todo caso, yo mencionaría muchos otros motivos para medir la eficacia o calidad o poder de seducción de una novela y el principal de ellos sería sin duda la capacidad de proponer al lector un juego coherente, con unas
reglas estrictas y ser capaces de desarrollar y concluir la novela respetando esas reglas. Eso es lo principal. Los otros elementos, como el humor, o la denuncia social, o el erotismo, o la violencia, son elementos añadidos, más o menos importantes, más o menos prescindibles, como lo demuestra el hecho de que hay grandes novelas policíacas que han prescindido de alguno de esos elementos y continúan siendo grandes novelas
policíacas.

¿También la denuncia social?

A mí me parece difícil porque opino que no se puede hablar de leyes, de transgresores, de policía, de jueces, de justicia y de corrupción sin estar haciendo una forma u otra de denuncia social, pero fíjate en que hablo de ella más como de un elemento inevitable, inherente al mismo tema de la novela negra (o policíaca, incluso, porque la misma Agatha Christie hace sin proponérselo una forma de retrato social que queda en cuestión).



¿Cuál es la situación del género negro en España?



Te lo diré en una palabra: fatal. Te lo aclaro en pocas más: no existe una sola colección policíaca publicada en España en ninguno de los idiomas oficiales: ni en castellano, ni en catalán, ni en gallego ni en euskera. Un desastre. Y peor aún: los editores (¡TODOS!) han llegado a la conclusión que no hay público para ella. De forma que se publica a Mosley, Paretsky, Hammett, Chandler, etc. fuera de colección, con lo que se están cargando todo un movimiento cultural. En fin. O sea: fatal.




La nueva situación del mundo frente al terrorismo, ¿abre una nueva perspectiva para el policial?



Todo lo que ocurre en la sociedad (y sobre todo aquello que implica armas, trasgresión, muertes, etc) es elemento esencial para el policial. De todas formas, hay que observar que en España hace muchos años que sufrimos el fenómeno del terrorismo de ETA y se ha escrito muy poco policial con ETA de fondo. (Sólo recuerdo una novela que es GÁLVEZ EN EUSKADI, de Jorge Martínez Reverte.) Y yo lo atribuiría a lo que decía antes: la novela negra por encima de todo es un juego, y, cuando vives una tragedia muy de cerca (y el terrorismo lo es), resulta un poco difícil jugar con ella.



En Argentina se viene dando un fenómeno paradójico. El policial toma cuerpo y se desarrolla dentro de la literatura infantil y juvenil. ¿Sucede lo mismo en España?

En el caso de Flanagan, es innegable. Al mismo tiempo que han desaparecido las colecciones de novela negra para adultos, Flanagan es fenómeno de ventas entre los jóvenes. Yes verdad que hay muchos autores de novela infantil y juvenil que han abordado el tema. Sí, claro: juego, emociones, aventura urbana... Es lógico que cuaje entre los jóvenes.



¿Qué significa para vos la saga de Flanagan?



Mira: significa trabajar con Jaume Ribera, que quiere decir pasar ratos muy divertidos y aprender mucho; significa trabajar con un crítico que te toca los cojones cargándose párrafos que a ti te parecen sublimes y que él califica de chorradas; significa, pues, un acto de humildad y un aprendizaje continuo; significa analizar la obra mucho más que cuando trabajas tú solo; significa la posibilidad de crear un personaje que, en solitario, nunca conseguí crear... Significa un juego fantástico en cada libro.



¿Qué diferencias encontrás entre el lector adulto y el juvenil?

El lector juvenil es el que está ahí delante, llenando las aulas o las bibliotecas donde vas a dar conferencias sobre Flanagan, ese que te pregunta por qué Flanagan se fue con Carmen y no con Nines, que estaba mucho más buena y además era rica... Cuando te pones a escribir Flanagan, o juvenil en general, ese público está ahí, frente a ti, y te fuerza a utilizar un tono especial, a incluir imprescindibles elementos de humor, a tratar a los personajes de una forma determinada. El público adulto no existe. Es decir: eres tú mismo, tu imagen en el espejo. Escribes para ti, para conseguir el libro que querrías leer y no tienes en las librerías. Cuando escribes para adultos haces un acto de autosatisfacción, de onanismo... A menos que estemos hablando de novela de género, en que ya te he dicho que las exigencias del público lector cuentan mucho.

¿Existe para vos un nuevo policial latinoamericano?

Sólo podría juzgar a partir de Piglia, que me gusta mucho. O de Leonardo Padura. Poco más conozco. (Y mucho de lo que conozco no me gusta por el mismo motivo que no me gustan mucho algunos de mis compatriotas: una falta total de conocimiento de la novela negra, falta de disciplina para fijar reglas del juego y respetarlas, anarquía a la hora de escribir... Es difícil escribir una buena novela negra cuando uno escribe a la caraja, fiándose del poder de la improvisación. ¿Tú sabes que Proust leía novela policíaca porque, decía, de ella hay que aprender la firmeza de su estructura y la solidez de sus argumentos? Bueno, pues no hay estructura firme ni argumento sólico cuando se escribe sin rigor.)

"El día menos pensado" nació como guión de historieta. ¿Cuál es tu relación con el cómic?

Yo aprendí a escribir con el cómic. Viví durante más de diez años de los guiones de cómic y casi siete estuve casado con una dibujante de cómic (argentina, además) . Eso hace que le esté muy agradecido al cómic y que no quiera romper mis vínculos con él. Durante mucho tiempo, fui lector de cómic argentino (guiones de Saccomanno y de Robin... un tío muy facha, pero muy buen guionista: Robin nomeacuerdoqué). Luego, lo perdí un poco de vista porque me parecía que no me ofrecía nada interesante, pero durante el año pasado lo he recuperado con tanta fiebre como al principio de mis años lectores. He descubierto a EL PREDICADOR, y a los "ombliguistas" canadienses Seth y Joe Matt, y al genial y enloquecido Alan Moore, y el fantástico PIN UP de aquellos franceses, y algunos mangas sublimes. Sí, sí: creo que vivimos una excelente época de cómic.



¿En qué estás trabajando actualmente?



Estoy preparando la dirección de la película FLANAGAN, SÓLO FLANAGAN, que me han asegurado que (después de dos largos años de demoras) empezaremos a rodar este próximo mes de enero... Si no hay una nueva demora.

¿POR QUÉ A HIERRO MUERE?

Se puede hablar de literatura policial, de novela negra, de la década de los paperback, de los pulps, del non fiction. Muchos son los caminos y es difícil no caer en disquisiciones intelectuales acerca de los géneros, de su sentido y existencia. Sin embargo, cuando comenzamos a internamos en el territorio del crimen, de la violencia, de la marginalidad y la "negrura", sentimos que, a pesar del mercado y las teorías, el piso retumba y la adrenalina corre.
Aunque los nombres y las definiciones cambien, siempre existirá aquello que nos hace irremediablemente humanos: el deseo y la crueldad.
La idea de A HIERRO MUERE surge de la necesidad de recuperar una trinchera en la frontera negra, una zona libre en los bordes de la cultura, un espacio donde se entrecruzan diversos y múltiples discursos acerca de la marginalidad, la violencia, el deseo y la crueldad.
Proponemos reconquistar un espacio, una zona no demasiado clara ni precisa, de la cual más que saber cómo está conformada, conocemos sus efectos.
En última instancia, serán los lectores y espectadores quienes decidirán si esa frontera existe, frontera negra donde EL QUE A HIERRO MATA A HIERRO MUERE.